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Masaje para bebés

¿Por qué es importante darle un masaje a tu bebé?

Siempre que pensamos en el masaje infantil, lo asociamos a la relajación que para ellos supone recibirlos. Pero es cierto que los masajes que realizamos a nuestros bebés, tienen muchos más beneficios para el bebé y para su madre.

Es un momento en el que los padres aprendéis a comunicaros con vuestros hijos de una manera más íntima, mostrándoles y transmitiéndoles vuestro amor de una manera intensa, silenciosa y nueva.

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Incluso hay estudios que demostraron que los bebés que recibían masajes enfermaban menos, que son niños cuyos organismos funcionaban mejor, que eran más sanos. La explicación es que se masajea la glándula del timo, situada debajo del esternón, encargada del desarrollo del sistema inmunológico y productora de linfocitos codificados para defender el organismo de cualquier ataque externo.

Durante el masaje, háblale a tu bebé, cántale… disfruta de ese momento. El bebé pequeñito no se siente una persona individual, así que cuando está en contacto con su mamá, vuelve a sentir esa unión estrecha y recuerda la placidez de estar en el vientre materno, sintiendo a su mamá desde dentro, escuchando su corazón, escuchándola hablar… pero por otro lado, está ganando independencia y quiere aprender a moverse con libertad. Cuando se le masajea todo el cuerpo, el bebé descubre sus propios límites y la sensación de separación que vivió durante el parto, se atenúa.

Nos preparamos…

Para dar un masaje necesitas un aceite para niños o una crema suave, y unos 20 minutos. Comprobad que la habitación está calentita porque le vais a quitar toda la ropa, incluso el pañal. Podéis poner una toalla o un empapador debajo por si se relaja “de más”, aunque también podéis probar a dárselo encima de vuestras piernas, favoreciendo el piel con piel.

¡Ojo! Si se hace pis, es importante que no hagáis ningún comentario negativo, podría sentirse menospreciado por algo que es totalmente natural.

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Cómo hacer el masaje

Las manos se deslizarán suavemente sobre su piel, rítmicamente y en armonía. Son caricias, pero ejercen una leve presión, el bebé percibe tu estado de ánimo, así que relájate tú también. Masajea su pecho en círculos concéntricos, el vientre y la espalda desde arriba hacia abajo, sus bracitos con un movimiento de torsión alrededor de él, sus manitas realizando pequeños círculos en sus palmas y rodeando cada dedito, con las piernas y pies hacemos igual… y por último vamos desde la nuca hasta los talones, acariciando todo el cuerpo del bebé.

Los masajes aumentan las defensas del organismo.

Estos masajes debes realizarlos en silencio, con lentitud, disfrutando de cada movimiento. Si notas que llora o está incómodo, prueba a hacerlo en otro momento. Y tras el masaje, cuando la relajación ya ha hecho sus efectos, llega el momento del baño, relajante también.

Ahora que sabéis todo esto, solo os queda ponerlo en práctica y disfrutar en familia. Si tienes dudas, o necesitas que la pediatra vea a tu bebé, pide cita con ella en nuestro Centro.