cáncer infantil

Cáncer infantil

«Esto no va a ser un texto con cifras o porcentajes. Hay suficientes autores médicos mucho más versados que yo para esta labor.»

Hoy, 15 de febrero se conmemora el Día Internacional del Cáncer Infantil, y quiero hablar acerca de otros temas que no atañen a estadísticas de logros o de fracasos.

Como pediatra de atención primaria y neonatóloga, durante muchos años he tenido la suerte de estar presente en el momento en que un niño llega a una familia, y seguir su crecimiento hasta casi la edad adulta. La relación que estableces con sus familias cruza la infinidad de ocasiones la línea del trabajo y la amistad. A veces son niños que han venido al mundo con problemas de salud o muy prematuramente, y en el resto de los casos han sido niños totalmente sanos. Nada diferencia ambos casos con el tiempo. Siempre son la ilusión de la familia, el centro de sus proyectos, y tú estás ahí, como observador privilegiado.

Cuando el cáncer infantil hace su aparición en una familia, las estadísticas dejan de ser relevantes, porque para el enfermo y su entorno ha sido el total del porcentaje lo que han recibido. Nada más que decir.

La vida de tu niño, y la tuya propia, deja de ser vida para ser un carrusel de planes de tratamiento, planes de cuidados, gestión de nuevas emociones. Gestión de una probable pérdida, sin fecha clara, sin posibilidad de abordar otras cuestiones cotidianas ni otras actividades familiares…

Pero siempre hay un gran hueco para el optimismo, porque los niños son unos guerreros formidables, capaces de luchar contra un enemigo que si quiera intuyen que lo es, pero que enseguida manejan asombrosamente. Así nos dan una lección de vida de la que todos debemos aprender.

Y son grandes guerreras sus familias, siempre dispuestas a intentar mantener la normalidad de la vida del niño en todo proceso aterrador que supone transitar por un camino que nunca hubiesen querido hacer. En este día, un grandísimo aplauso para el niño con cáncer infantil y su familia.

La medicina está ahí para ayudar a que algo tan esencial como la vida de un niño no dependa de esta terrible enfermedad, sino tan solo de sus ansias de vivir la vida, haciendo todo aquello que les haga sentir felicidad, dure el tiempo que dure.

Carmen García Cabanas

Pediatra y Neonatóloga